Carlos Fraga

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Es un ferviente investigador del crecimiento personal y el bienestar del ser humano. Un reflejo de positivismo y renovación mental. Un alma reflexiva, que inspira, motiva y orienta. Un hombre que transita por caminos, quizás olvidados o nunca descubiertos, que impulsan el reencuentro interno de las personas. Su indiscutible don de palabra, conocimiento y su amplia carrera como orientador conjugan una impecable trayectoria profesional, con credibilidad y un poder de convocatoria que trasciende, que inspira, que impulsa. Se trata del Lic. Carlos Fraga, dos palabras que significan equilibrio, reflexión y armonía interna.

Carlos Fraga es profesor de Literatura (Instituto Pedagógico de Caracas), periodista (UCV), astrólogo, locutor, actor y escritor. Hasta finales del año 2002 condujo un programa diario de televisión y otro de radio, ambos con altísima sintonía. En el 2011 vuelve a la radio con el programa “Entre lo humano y lo divino”, transmitido diariamente por Onda La Superestación.

También ha ayudado a muchas personas a cultivar su poder interno a través de sus libros “El derecho a la felicidad”, “El mapa del tesoro”, “Consciencia de riqueza”, “Un hilo hacia el alma”, “El viaje íntimo de la mente al corazón” y “¿Qué pasó con nuestro amor?”, así como también a través de su extenso material audiovisual compuesto por ocho audio libros, en los que aborda diferentes temas como: “Reconciliación, un camino al amor”, “Soledado desolación”, “Caos, crisis y conflicto”, “Quiero cambiar mi vida y no sé por dónde comenzar”, “Duelo y perdón”, “Cuenta Conmigo: Relaciones de hoy, mañana y siempre”, “El Poder de la vida” y “El mapa del tesoro”.

En el año 2010 incursionó en una nueva faceta profesional con una experiencia teatral de humor reflexivo titulada “Hombres, mujeres…Sexos sin guerra”, un éxito que lo llevó de gira  nacional a diferentes ciudades del país.

Actualmente, Carlos integra el cartel de talentos de Televen con “La Vida es Hoy”, un programa lumínico, mañanero, de contenido reflexivo y motivador, donde la línea de la sobriedad contrasta de forma perfecta con lo luminoso y liviano de la mañana.