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 LA CASA DE AL LADO
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 HORARIO
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01:00 a.m. |
Cine de Madrugada |
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02:30 a.m. |
Cine de Madrugada |
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04:00 a.m. |
Series |
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 ENTÉRATE
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Confesiones de Novela
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“La realidad siempre supera la ficción” y, con Televen, tú serás el primero en comprobarlo todos los sábados a las 08:00 p.m.
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Esta es la historia de dos familias que comparten vicios privados y virtudes públicas. Familias normales, como las que viven en la casa de al lado. Familias dispuestas a todo con tal de mantener las apariencias y esconder, bajo la alfombra, sus peores secretos y miserias.
Los Conde Spencer han vivido muchos años en perfecta armonía. Sus múltiples negocios marchan espléndidamente bien, los tres hijos –Ignacia, Carola y Emilio- tienen sus propios mundos pero siguen viviendo bajo el mismo techo que sus padres, y Renato y Eva parecen no aflojar nunca el control sobre todo lo que los rodea. A pesar de las ocasionales tragedias que los asolan –como la confusa e inesperada muerte de Adolfo, el marido de Ignacia- viven buenos y tranquilos tiempos. Junto a ellos, en la casa de al lado, habitan los Ruiz Arismendi, un matrimonio joven con dos hijos, que también parece haber sido bendecido con una existencia plácida y exitosa. Los padres, Javier y Pilar, son el ejemplo de una pareja bien avenida y cariñosa.
Todo cambia cuando Ignacia conoce a Gonzalo, socio de Javier. Gonzalo parece ser el hombre perfecto. El noviazgo es breve y antes que nadie pueda imaginarlo, él ya está proponiéndole matrimonio. La boda se lleva a cabo en la misma mansión de los Conde Spencer. Es ahí cuando Gonzalo se entera que Leonardo, el hermano gemelo de Adolfo –el primer marido de su ahora esposa- vive en la casa con ellos. Leonardo tiene algunos impedimentos físicos, se desplaza en silla de ruedas, y tiene dificultades para hablar. Cuando Gonzalo quiere conocerlo, se encuentra con la férrea oposición de su suegra, Eva Spencer. De inmediato el joven se da cuenta que las cosas no son tan plácidas y encantadoras al interior de su nueva residencia.
Es en su propio matrimonio que Gonzalo conoce a Pilar, la esposa de Javier. Gonzalo no puede dejar de admirar la enorme belleza de la mujer, una mujer luminosa, dulce y cariñosa. Se entera de que Piar es sicóloga, y que ella misma trató a Leonardo después de la muerte de su hermano Adolfo. Gonzalo nota cómo todos se tensan ante la sola mención de Leonardo, y cambian veloces el tema. La intriga se instala en la mente de Gonzalo. Tratando de llegar hasta Leonardo, para saber un poco más sobre la vida y muerte de Adolfo, Gonzalo es abordado por el viejo jardinero. El hombre le suplica, muy asustado, que se vaya lo antes posible. Que cosas malas pasan al interior de esa casa. Que la familia a la que ha llegado no es lo que aparenta, que realmente no conoce a la gente con la que está viviendo. El horror de Gonzalo es enorme cuando al día siguiente se entera de que el viejo jardinero fue encontrado muerto en el jardín, a causa de un poco claro accidente laboral.
De este modo, Gonzalo Ibáñez decide comenzar a investigar. Hay algo en la fragilidad de su esposa que lo asusta; hay algo en la dureza de su suegra que lo aterra; y hay algo en Leonardo que lo intriga de sobre manera. Decidido, comienza a hurgar entre los papeles de Ignacia y encuentra cartas, diarios de vida y recortes de prensa, todos relacionados con la muerte de Adolfo. Así descubre que lo que se supone que fue un accidente, fue un crimen. A Adolfo lo mataron, para luego simular un desafortunado incidente. Gonzalo recurre a Pilar para conseguir más información sobre Leonardo, recordando que ella fue su sicóloga en los tiempos más inestables del hombre. De esta manera, tanto Gonzalo como Pilar encontrarán en el otro un apoyo y una oreja para compartir sus preocupaciones y dudas. Por alguna extraña razón, Pilar comenzará a sentirse cómoda con el marido de su amiga, y le confiará secretos de su terapia con Leonardo.
Javier comenzará a mostrar su desagrado frente a esta nueva amistad entre su mujer y Gonzalo Ibáñez. Utilizará la relación de compañeros de trabajo que tiene con Gonzalo, para manipular la situación y alejarlo de Pilar. Los escondidos celos de Javier irán poco a poco saliendo a la superficie, y junto con ellos surgirán secretos que nadie nunca hubiera querido conocer. Pilar, desconcertada, le confesará a Gonzalo que tiene miedo: no sabe realmente quién es su marido. Toda esa máscara de hombre perfecto se ha caído de golpe para dar paso a la imagen de un ser egoísta, peligroso y violentamente agresivo.
Gonzalo está seguro de que una de las personas que lo rodea –sus suegros, sus cuñados, incluso su propia esposa- fue responsable de la muerte de Adolfo. Empieza a sentir la presión de los Conde Spencer por sus intromisiones y por escarbar en el pasado. Ya no se siente a gusto. Son muchos los ojos que lo espían, que lo celan, que incluso juzgan su relación con Pilar que cada día se hace más estrecha, más cercana, y más confusa. ¿Acaso se está enamorado de ella? Tiene que confesarse que se muere de ganas de besarla. Y cuando lo hace, ella y él saben que se han metido en un lío del cual les será muy difícil escapar. Cuando la vida de Gonzalo se ha convertido en un verdadero huracán de problemas y preocupaciones, un nuevo remezón viene a cambiar las cosas. Alguien empieza a acosar a Ignacia con mensajes, llamadas telefónicas, y actos de vandalismo, que simulan ser realizados por el mismísimo Adolfo. Impactado con la noticia, Gonzalo decide profanar la tumba de Adolfo y ver qué se esconde bajo aquella elegante lápida de mármol. ¿Podrá hacerlo?
En “La Casa de al lado” ya nadie podrá saber quién miente, quién dice la verdad, quiénes son los buenos, quiénes los villanos, en quién se puede realmente confiar o quiénes son de temer. Como en la vida misma.
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